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Berlin imaginario
Esta semana de nuevo a Berlín. Os relato un imaginario día en Berlin.
Levantarse cuando el cuerpo te lo pida, pero que no sea muy tarde que luego no hay manera de espabilar. Vestirse cómodo, en todos los sentidos, me apetece ese vestido azul mahón y playeras. Nos vamos a desayunar a la torre de televisión en Alexanderplatz. Se sube en ascensor y lo que en otro tiempo fue la fanfarronada de la RDA, ahora alberga un bar y un restaurante. Y al loro, va girando. Así que toca desayuno con vistas de 360º de Berlin. Una tontada, pero me encanta.
Ya está, hemos tomado el desayuno Telecafé, salmón ahumado, huevos revueltos, queso, jamón, mermelada, mantequilla y panecillos. Nos hemos puesto las botas. Y ahora ¿qué hacemos? Vamos al Tiergarten, a ver si vemos algún zorro. El Tiergarten es enorme, toda la mañana relajados y paseando, bla bla bla. Me lo estoy pasando bien. Hemos sacado mis catetos para decidir donde comemos y el azar nos lleva al mítico Curry 36, así que estamos en Kreuzberg ahora.
Ya hemos comido. Un currywurst, esto es lo que es, no hay que darle más vueltas, la verdad es que aunque me guste no es un manjar, lo que me gusta es la pelea que tienen los alemanes sobre el origen del currywurst.
Tengo una idea para pasar la tarde. La playa en el borde del río, iremos en bici, alquilamos unas para una hora y allá vamos, desde Kreuzberg hasta Friedrichshain. Sacamos una birras y nos apostamos en un hueco. Nos sacamos nuestros cuadernos, libros y demás y a descansar.
¿Por la noche salimos, no? Pues claro, estamos de vacaciones y no estamos tan acabados. Bien, pero nos pasamos por el apartamento. ¿Compramos algo? Ese italiano tiene buena pinta, una pizza, elijes tú. ¿La de vegetales? Por mí, bien, comer así en Berlin es muy asequible.
Sí, ya termino de arreglarme, oye qué te parece si vamos al Tresor. ¿Hoy? ¿Por qué no? ¿Sabes por donde cae? Ya no está en un bunker, ahora está en una central eléctrica, pero sigue manteniendo el nombre y el rollo industrial. ¿Sabes que tengo algún disco de Tresor? Tresor es historia de la música.
Pedimos algo de beber, no hay que preocuparse, el precio es berlinés. Ha sido muy especial pero ya no estamos para noches locas (o sí, pero no hoy que mañana tengo otro día imaginario que disfrutar), así que a la salida tomamos un taxi hasta casa. ¡Cómo mola Berlin!
Ahora bien, una recomendación, no intentéis hacer realidad un día imaginario, no suelen tener chicha, la realidad puede ser mejor si se deja sitio a la espontaneidad y al disfrute del momento.
Pulpo en su jugo y vuelta a esta casa
(No sé muy bien porque me fui sin querer irme. Creo que necesitaba parar la cinta, quedarme quieta escuchando el silencio y arrancar con las ideas más claras. Eso. Disculpad por haberme ido sin avisar y sin decir cuando volvía, perdonad por las molestias a los que os habéis pasado por aquí en este tiempo.)
En el curro me regalaron una botella de albariño junto con una caja de bombones, cuando fue mi cumpleaños. Para tomarnos el vino compramos un pedazo de pulpo en el mercado de la Ribera, que decidimos hacerlo en su propio jugo.
Así se hizo
Calentamos una olla grande, con unas gotas de agua, cuando vimos que el agua se evaporaba, metimos el pulpo y cubrimos la olla con su tapa.
Enseguida empezó a soltar su propio jugo, una vez creimos que había soltado bastante jugo, empezamos a contar el tiempo. Para un pulpo de 2.5 kg, empleamos 25 minutos. Y en serio que funcionó. Estaba tierno y sabroso.
Hicimos pedacitos, ya se sabe que del pulpo se aprovecha todo, salvo el pico. Lo salamos con sal de Ibiza, le pusimos un chorrete de aceite navarro y espolvoreamos pimentón de la Vera.
Abrimos el albariño y al buche. Por cierto, el descubrimiento de esta receta se la debemos a Apicius.
Esta semana en La Coruña esperamos comer buenos pulpos y demás manjares galegos, vamos a Viñetas desde o Atlántico 2008, con motivo de las presentaciones de Mal dadas (Leandro Alzate) y El hombre que vino del cielo (Infame & Co.).
Unos días en Córdoba
Había estado en Córdoba hace años. Conocía y recordaba su olor, olor a azahar y flores, era otra época del año. Esta vez, no olía a lo mismo, hacía mucho más calor y había más turistas. De todas formas nos lo hemos pasado bien, no sé si mejor que aquella vez pero muy bien. Córdoba es una ciudad seria y un tanto austera, amable y atenta, pequeña y humilde.
Raciones, medias raciones o tapas, finos, cervezas, claras, mezquita, sinagoga, puente romano, Guadalquivir, alcázar, Judería, patios, callejeo tonto, y a pasar el tiempo, siesta al mediodía con baño en piscina, que no conviene estar al sol a esas horas. Salmorejos, flamenquines, gazpachos, berenjenas fritas con miel, croquetas, pisto, embutido de cerdo, y más. No hemos pasado hambre.
En la Judería, lo importante no es entender donde va el camino, más bien hay que entender cómo se compone el barrio. Las calles no son horizontales o verticales, ni siquiera diagonales, son sólo calles para llegar a algún sitio.
Fuera de la Judería están los sitios que te recomiendan los cordobeses, Bodegas Campos (tiene unos carteles muy chulos) o Taberna San Miguel (Casa El Pisto), que tienen una carta limitada pero muy controlada, para no confundir y no fallar.
En Córdoba nacieron Séneca, Averroes, Maimónides, Abas Ibn Firnas, Juan de Mena, Luis de Góngora y Manolete. A pesar de estar llena de historia, no es una ciudad que mira al pasado, es una ciudad que vive el presente, lo aprovecha bien y empieza a mirar el futuro. La zona está habitada desde la prehistoria, pasando por la época prerromana, romana, visigoda, musulmana, hasta llegar a la cristiana, ves huellas de estas épocas dándote un paseo sólo por la mezquita.
Una pena que tengo es que no mira al Guadalquivir, que no lo disfruta, y la realidad es que es una gozada sentarse cerca, por ejemplo cuando está cayendo el sol. Para ver volar a todas esas aves, ¡cuánta riqueza! Uno de los mejores momentos, sentado en la única terraza que vimos al lado del río, comiendo unas fantásticas croquetas y berenjenas, el sitio se llama Bar Restaurante Ayesta. Estaría bien dejar de tratar al río como un obstáculo y empezar a disfrutar de sus márgenes y sus pasos. Lo mismo que redescubriendo el mihrab.
Los guiris nos solemos mover por la judería, pero los cordobeses se mueven hacia el otro lado de la mezquita, por ejemplo en la plaza de La Corredera, donde cada noche se reúnen para tomar algo entre amigos. Y sin exagerar en los precios. Hasta los horarios son distintos en una zona y en otra.
Vacances andaluzas
Supongo que como todos a mi alrededor, me las merezco. Voy a hacer un viaje que hacía tiempo que me apetecía, me hubiera gustado que fuera más largo para visitar más cosas, pero he pensado que el año que viene lo puedo completar. Así que partimos hacia Córdoba a pasar unos días y después nos pasamos por Granada, y para terminar el fin de semana siguiente estaremos en Madrid.
Me compré un cuadernito passport, para apuntar lo que encuentro, nos hemos comprado una 2” seconds, y me he descargado el vídeo del montaje y sobre todo desmontaje al móvil, que luego ya se sabe. He comprado chucherías para cuando nos aburramos en el viaje y estoy a punto de preparar la bolsa. Qué ilusión, sacar los pantalones cortos, faldas, camisetas de tirantes, sandalias… ¡Vuelve el verano! En una semana no voy a tener prisa, si estoy cansada descansaré, si tengo hambre comeré y si tengo sed beberé. Salmorejos, tapitas, terrazas y calles estrechas.
Y a la vuelta ya me las arreglaré. ¿Alguna recomendación?











